
(C) El Mostrador
BUENOS AIRES — En un hecho sin precedentes recientes para la diplomacia sudamericana, el Gobierno de Brasil ha decidido reducir formalmente el nivel de sus relaciones diplomáticas con la República Argentina. A partir de esta medida, ninguna de las dos naciones contará con embajadores en sus respectivas sedes diplomáticas, quedando la representación máxima en manos de encargados de negocios.
La decisión de Brasilia se concretó este martes, cuando el canciller brasileño, Mauro Vieira, notificó al embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, que debía regresar a Buenos Aires. De forma paralela, el Gobierno brasileño llamó de manera permanente a su propio embajador en Argentina, Julio Bitelli, quien ya se encontraba en Brasilia desde el pasado 26 de julio.
El origen del conflicto: declaraciones en suelo brasileño
La escalada diplomática es consecuencia directa de los reiterados ataques verbales del presidente argentino, Javier Milei, contra su homólogo brasileño, Luiz Inácio "Lula" da Silva. Durante un evento organizado a fines de julio en São Paulo por el Partido Libertario brasileño —donde se lanzó la candidatura presidencial del ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro—, Milei tildó a Lula de "ladrón", "corrupto" y "convicto".
A pesar de las advertencias iniciales de Brasilia, Milei reafirmó sus dichos en recientes entrevistas, asegurando que el mandatario brasileño fue liberado de prisión "por un tecnicismo y no por ser inocente". Aunque no es la primera vez que Milei califica a Lula de "comunista" o "corrupto", este episodio marcó la primera ocasión en que formuló tales acusaciones estando en territorio brasileño.
La postura del Gobierno argentino
Tras hacerse pública la decisión, la Cancillería argentina emitió un comunicado lamentando la medida "unilateral" de Brasilia y criticando lo que consideró una decisión de "continuar aislándose de la región por razones puramente ideológicas". El Gobierno argentino enfatizó que la política exterior debe responder a los intereses permanentes de los pueblos y no a diferencias coyunturales entre los mandatarios.
Por su parte, el canciller argentino, Pablo Quirno, aseguró en conferencia de prensa que la administración de Milei no tomará medidas diplomáticas en respuesta:
"Para pelear se necesitan dos. No cuenten con la Argentina para eso. Continuaremos manteniendo la relación al nivel que Brasil decida", afirmó Quirno.
Asimismo, Quirno cuestionó decisiones previas de Brasilia, como la suspensión en enero de su representación consular para los ciudadanos argentinos en Venezuela, e invocó que visitas pasadas de Lula a figuras políticas argentinas también podrían haber sido interpretadas como injerencia electoral, sin que Buenos Aires tomara medidas institucionales.
Un escenario político tenso
Este deterioro diplomático ocurre en un contexto electoral sensible en Brasil, de cara a los comicios presidenciales del próximo 4 de octubre, donde Flávio Bolsonaro busca desafiar la reelección de Lula da Silva. La abierta intervención de Milei en la política interna brasileña ha terminado por romper los canales diplomáticos habituales entre las dos economías más grandes de América del Sur.
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BUENOS AIRES — En un hecho sin precedentes recientes para la diplomacia sudamericana, el Gobierno de Brasil ha decidido reducir formalmente el nivel de sus relaciones diplomáticas con la República Argentina. A partir de esta medida, ninguna de las dos naciones contará con embajadores en sus respectivas sedes diplomáticas, quedando la representación máxima en manos de encargados de negocios.
La decisión de Brasilia se concretó este martes, cuando el canciller brasileño, Mauro Vieira, notificó al embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, que debía regresar a Buenos Aires. De forma paralela, el Gobierno brasileño llamó de manera permanente a su propio embajador en Argentina, Julio Bitelli, quien ya se encontraba en Brasilia desde el pasado 26 de julio.
El origen del conflicto: declaraciones en suelo brasileño
La escalada diplomática es consecuencia directa de los reiterados ataques verbales del presidente argentino, Javier Milei, contra su homólogo brasileño, Luiz Inácio "Lula" da Silva. Durante un evento organizado a fines de julio en São Paulo por el Partido Libertario brasileño —donde se lanzó la candidatura presidencial del ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro—, Milei tildó a Lula de "ladrón", "corrupto" y "convicto".
A pesar de las advertencias iniciales de Brasilia, Milei reafirmó sus dichos en recientes entrevistas, asegurando que el mandatario brasileño fue liberado de prisión "por un tecnicismo y no por ser inocente". Aunque no es la primera vez que Milei califica a Lula de "comunista" o "corrupto", este episodio marcó la primera ocasión en que formuló tales acusaciones estando en territorio brasileño.
La postura del Gobierno argentino
Tras hacerse pública la decisión, la Cancillería argentina emitió un comunicado lamentando la medida "unilateral" de Brasilia y criticando lo que consideró una decisión de "continuar aislándose de la región por razones puramente ideológicas". El Gobierno argentino enfatizó que la política exterior debe responder a los intereses permanentes de los pueblos y no a diferencias coyunturales entre los mandatarios.
Por su parte, el canciller argentino, Pablo Quirno, aseguró en conferencia de prensa que la administración de Milei no tomará medidas diplomáticas en respuesta:
"Para pelear se necesitan dos. No cuenten con la Argentina para eso. Continuaremos manteniendo la relación al nivel que Brasil decida", afirmó Quirno.
Asimismo, Quirno cuestionó decisiones previas de Brasilia, como la suspensión en enero de su representación consular para los ciudadanos argentinos en Venezuela, e invocó que visitas pasadas de Lula a figuras políticas argentinas también podrían haber sido interpretadas como injerencia electoral, sin que Buenos Aires tomara medidas institucionales.
Un escenario político tenso
Este deterioro diplomático ocurre en un contexto electoral sensible en Brasil, de cara a los comicios presidenciales del próximo 4 de octubre, donde Flávio Bolsonaro busca desafiar la reelección de Lula da Silva. La abierta intervención de Milei en la política interna brasileña ha terminado por romper los canales diplomáticos habituales entre las dos economías más grandes de América del Sur.