
(C) ecoticias.com
Retirada del Acuerdo de París y ruptura con la CMNUCC… Declaración de ‘emergencia energética’ centrada en combustibles fósiles. Se intensifica el roce diplomático entre EE. UU. y Europa ante la crisis de colapso de la gobernanza climática global.
El negacionismo del cambio climático del presidente estadounidense Donald Trump ha pasado de ser una simple retórica a consolidarse plenamente como una política de Estado oficial. Un año después de recuperar el poder en 2025, Estados Unidos se ha alejado de los acuerdos climáticos internacionales y ha reafirmado su hegemonía en los combustibles fósiles, sumiendo al mundo en una crisis ambiental y geopolítica sin precedentes.
“La estafa verde ha terminado”… Ruptura en cadena de acuerdos internacionales
En su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre del año pasado, el presidente Trump calificó el cambio climático como una “estafa (scam)” y lo criticó duramente hasta en cinco ocasiones. Desestimó las energías renovables como “supuestas falsas nuevas energías” y calificó la crisis climática que enfrenta la humanidad como un “desastre energético ficticio”.
Estas declaraciones se tradujeron en acciones inmediatas. Trump re-aprobó la retirada del Acuerdo de París en su primer día de mandato, la cual entrará en vigor el próximo 27 de enero. Además, el 7 de enero firmó una orden ejecutiva que ordena la salida de 66 organizaciones internacionales, incluida la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), bajo el pretexto de que van en contra de los intereses nacionales.
Simon Stiell, secretario ejecutivo de la CMNUCC, criticó esta medida calificándola de “autogol histórico” y advirtió que el retorno a los combustibles fósiles aumentará los costos energéticos de los hogares y provocará inestabilidad geopolítica y desplazamientos forzados.
Declaración de emergencia energética y movimientos militares para asegurar recursos
Inmediatamente después de asumir el cargo, la administración estadounidense declaró una “emergencia energética”, acelerando la desregulación. Se ha abierto el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico (ANWR) en Alaska para la perforación, una decisión que revierte frontalmente décadas de principios de protección ambiental.
Un punto particularmente notable es que la política energética se está fusionando con la estrategia diplomática y militar de EE. UU. Tras la invasión de Venezuela por parte del ejército estadounidense y el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro, subyace el cálculo de asegurar el control del petróleo. Asimismo, Trump muestra ambiciones de dominar Groenlandia, rica en tierras raras y recursos energéticos, y ha advertido con imponer aranceles a los países europeos que han enviado misiones de investigación a la zona, sin evitar roces con sus aliados.
Una COP30 neutralizada y un mundo a la deriva
La 30.ª Conferencia de las Partes de la CMNUCC (COP30), celebrada el año pasado en Belém, Brasil, se llevó a cabo con la ausencia de Estados Unidos. La salida de EE. UU. dio fuerza a la voz de los países productores de petróleo, lo que resultó en la situación inédita de eliminar la frase clave “eliminación gradual de los combustibles fósiles” del acuerdo final.
La situación dentro de EE. UU. tampoco es optimista. Según el análisis de Rhodium Group, las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos en 2025 repuntaron un 2,4%, dejando atrás la tendencia a la baja de los últimos dos años. Esto es resultado de que los combustibles fósiles cubren la demanda eléctrica impulsada por el auge de los centros de datos, sumado a la abolición de los subsidios para vehículos eléctricos.
La reacción del mercado y un futuro incierto
A pesar del retroceso de Trump, los expertos esperan que la rentabilidad económica mantenga viva la llama de las políticas climáticas. La Agencia Internacional de Energía (AIE) analiza que el 91% de los proyectos de energía renovable ya garantizan una mayor rentabilidad que los combustibles fósiles.
Sin embargo, la salida oficial de Estados Unidos, el segundo mayor emisor de carbono del mundo, ha suspendido la financiación para la adaptación climática de 300.000 millones de dólares prevista hasta 2035, haciendo que el cumplimiento de los Objetivos de Reducción de Emisiones (NDC) a nivel global sea prácticamente imposible. Crecen las críticas de que la “ruta energética independiente” de Trump está arrastrando nuevamente al mundo al foso de la economía del carbono.
Las acciones de Trump representan un rechazo total al orden internacional multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial y un intento de materializar el “América Primero” a través de la obtención física de recursos energéticos. Los conflictos diplomáticos con Europa y la militarización de la diplomacia de recursos en Sudamérica y el Ártico presagian que los próximos cuatro años serán una era oscura, no solo para el medio ambiente global, sino también para el panorama político internacional.
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Retirada del Acuerdo de París y ruptura con la CMNUCC… Declaración de ‘emergencia energética’ centrada en combustibles fósiles. Se intensifica el roce diplomático entre EE. UU. y Europa ante la crisis de colapso de la gobernanza climática global.
El negacionismo del cambio climático del presidente estadounidense Donald Trump ha pasado de ser una simple retórica a consolidarse plenamente como una política de Estado oficial. Un año después de recuperar el poder en 2025, Estados Unidos se ha alejado de los acuerdos climáticos internacionales y ha reafirmado su hegemonía en los combustibles fósiles, sumiendo al mundo en una crisis ambiental y geopolítica sin precedentes.
“La estafa verde ha terminado”… Ruptura en cadena de acuerdos internacionales
En su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre del año pasado, el presidente Trump calificó el cambio climático como una “estafa (scam)” y lo criticó duramente hasta en cinco ocasiones. Desestimó las energías renovables como “supuestas falsas nuevas energías” y calificó la crisis climática que enfrenta la humanidad como un “desastre energético ficticio”.
Estas declaraciones se tradujeron en acciones inmediatas. Trump re-aprobó la retirada del Acuerdo de París en su primer día de mandato, la cual entrará en vigor el próximo 27 de enero. Además, el 7 de enero firmó una orden ejecutiva que ordena la salida de 66 organizaciones internacionales, incluida la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), bajo el pretexto de que van en contra de los intereses nacionales.
Simon Stiell, secretario ejecutivo de la CMNUCC, criticó esta medida calificándola de “autogol histórico” y advirtió que el retorno a los combustibles fósiles aumentará los costos energéticos de los hogares y provocará inestabilidad geopolítica y desplazamientos forzados.
Declaración de emergencia energética y movimientos militares para asegurar recursos
Inmediatamente después de asumir el cargo, la administración estadounidense declaró una “emergencia energética”, acelerando la desregulación. Se ha abierto el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico (ANWR) en Alaska para la perforación, una decisión que revierte frontalmente décadas de principios de protección ambiental.
Un punto particularmente notable es que la política energética se está fusionando con la estrategia diplomática y militar de EE. UU. Tras la invasión de Venezuela por parte del ejército estadounidense y el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro, subyace el cálculo de asegurar el control del petróleo. Asimismo, Trump muestra ambiciones de dominar Groenlandia, rica en tierras raras y recursos energéticos, y ha advertido con imponer aranceles a los países europeos que han enviado misiones de investigación a la zona, sin evitar roces con sus aliados.
Una COP30 neutralizada y un mundo a la deriva
La 30.ª Conferencia de las Partes de la CMNUCC (COP30), celebrada el año pasado en Belém, Brasil, se llevó a cabo con la ausencia de Estados Unidos. La salida de EE. UU. dio fuerza a la voz de los países productores de petróleo, lo que resultó en la situación inédita de eliminar la frase clave “eliminación gradual de los combustibles fósiles” del acuerdo final.
La situación dentro de EE. UU. tampoco es optimista. Según el análisis de Rhodium Group, las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos en 2025 repuntaron un 2,4%, dejando atrás la tendencia a la baja de los últimos dos años. Esto es resultado de que los combustibles fósiles cubren la demanda eléctrica impulsada por el auge de los centros de datos, sumado a la abolición de los subsidios para vehículos eléctricos.
La reacción del mercado y un futuro incierto
A pesar del retroceso de Trump, los expertos esperan que la rentabilidad económica mantenga viva la llama de las políticas climáticas. La Agencia Internacional de Energía (AIE) analiza que el 91% de los proyectos de energía renovable ya garantizan una mayor rentabilidad que los combustibles fósiles.
Sin embargo, la salida oficial de Estados Unidos, el segundo mayor emisor de carbono del mundo, ha suspendido la financiación para la adaptación climática de 300.000 millones de dólares prevista hasta 2035, haciendo que el cumplimiento de los Objetivos de Reducción de Emisiones (NDC) a nivel global sea prácticamente imposible. Crecen las críticas de que la “ruta energética independiente” de Trump está arrastrando nuevamente al mundo al foso de la economía del carbono.
Las acciones de Trump representan un rechazo total al orden internacional multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial y un intento de materializar el “América Primero” a través de la obtención física de recursos energéticos. Los conflictos diplomáticos con Europa y la militarización de la diplomacia de recursos en Sudamérica y el Ártico presagian que los próximos cuatro años serán una era oscura, no solo para el medio ambiente global, sino también para el panorama político internacional.