
El hallazgo de fragmentos de mandíbula en Azerbaiyán confirma la presencia de Dinocrocuta gigantea, un superdepredador de 400 kg, y refuerza la hipótesis migratoria euroasiática.
Una colaboración internacional entre científicos de Rusia, China y Azerbaiyán ha arrojado luz sobre uno de los carnívoros más formidables que deambularon por Eurasia hace diez millones de años. Los restos de una gigantesca "hiena prehistórica" —el percrocútido Dinocrocuta gigantea— han sido identificados por primera vez en la región del Cáucaso, concretamente en el yacimiento del Mioceno superior de Eldari, Azerbaiyán.
Este hallazgo, descrito por la Universidad Federal de los Urales (Rusia), no solo amplía significativamente el rango geográfico conocido de esta especie, sino que también llena un "espacio en blanco" crucial en la comprensión del ecosistema del Mioceno. Anteriormente, los fósiles de Dinocrocuta se habían documentado principalmente en el sur de Europa y el norte de China.
El paleontólogo ruso Daniyar Jantemírov, especialista de la Universidad de los Urales, destacó la importancia del descubrimiento, que se basó en el estudio de fragmentos de la mandíbula del animal. "Nuestro hallazgo llena un espacio en blanco en nuestra comprensión del hábitat de la dinocrocuta, uno de los principales depredadores de la fauna de mioceno", explicó Jantemírov.
Dinocrocuta gigantea: El superdepredador del Mioceno
Dinocrocuta gigantea se ganó el apodo de 'hiena terrible' con razón. A pesar de su apariencia similar a la hiena moderna, pertenece a la familia extinta de los Percrocutidae, estrechamente relacionada. Era una bestia de proporciones colosales, con ejemplares adultos que se estima podían alcanzar un peso de hasta 400 kilogramos. Para ponerlo en perspectiva, esto es significativamente más pesado que un tigre de Amur moderno (que ronda los 320 kg) y comparable al peso promedio de un oso polar (450 kg).
Su inmensa fuerza y dentición masiva, con poderosos premolares adaptados para triturar, la convirtieron en el depredador terrestre dominante de su época en gran parte de Eurasia. Los estudios indican que, durante al menos un millón de años, Dinocrocuta fue incluso más peligrosa y formidable que los tigres dientes de sable contemporáneos (Machairodus).
Contrario a la imagen popular del carroñero que a menudo se asocia a las hienas, y en particular a especies con capacidad de romper huesos como Dinocrocuta, la evidencia paleontológica y la etología de las hienas actuales (especialmente la hiena manchada, una depredadora consumada) sugieren que la 'hiena terrible' era una cazadora activa. Lo más probable es que matara la mayor parte de su propia comida, debido a la mayor disponibilidad y fiabilidad de la presa viva en comparación con la carroña. De hecho, se han encontrado pruebas fósiles directas de que atacaba a grandes herbívoros, como el rinoceronte sin cuernos Chilotherium, dejando marcas de mordeduras sanadas en los huesos, lo que demuestra su papel como cazador de presas grandes y peligrosas.
Según los científicos, la dieta de Dinocrocuta gigantea probablemente se centraba en los grandes herbívoros de la fauna del hipparión, ya extintos, incluidos los mencionados rinocerontes Chilotherium y otras especies de ungulados. Sin embargo, un misterio perdura: aún se desconoce si este depredador actuaba en solitario, como muchos carnívoros grandes, o si cazaba en clanes y grupos cooperativos, como lo hacen las hienas modernas.
Una ruta migratoria confirmada
El significado del descubrimiento de Eldari va más allá de la mera ampliación del hábitat de la especie. El hallazgo de este depredador en el Cáucaso podría sustentar una hipótesis formulada previamente por paleontólogos: que la región del Cáucaso servía como una de las posibles rutas migratorias clave para los mamíferos durante el Mioceno posterior, facilitando el intercambio faunístico entre Asia y Europa.
Los resultados de esta investigación, fruto del trabajo conjunto de los científicos rusos, chinos y azerbaiyanos, han sido publicados en la revista especializada Palaeoworld, aportando una pieza esencial para reconstruir el complejo rompecabezas de la vida prehistórica en el Viejo Continente.
El hallazgo de fragmentos de mandíbula en Azerbaiyán confirma la presencia de Dinocrocuta gigantea, un superdepredador de 400 kg, y refuerza la hipótesis migratoria euroasiática.
Una colaboración internacional entre científicos de Rusia, China y Azerbaiyán ha arrojado luz sobre uno de los carnívoros más formidables que deambularon por Eurasia hace diez millones de años. Los restos de una gigantesca "hiena prehistórica" —el percrocútido Dinocrocuta gigantea— han sido identificados por primera vez en la región del Cáucaso, concretamente en el yacimiento del Mioceno superior de Eldari, Azerbaiyán.
Este hallazgo, descrito por la Universidad Federal de los Urales (Rusia), no solo amplía significativamente el rango geográfico conocido de esta especie, sino que también llena un "espacio en blanco" crucial en la comprensión del ecosistema del Mioceno. Anteriormente, los fósiles de Dinocrocuta se habían documentado principalmente en el sur de Europa y el norte de China.
El paleontólogo ruso Daniyar Jantemírov, especialista de la Universidad de los Urales, destacó la importancia del descubrimiento, que se basó en el estudio de fragmentos de la mandíbula del animal. "Nuestro hallazgo llena un espacio en blanco en nuestra comprensión del hábitat de la dinocrocuta, uno de los principales depredadores de la fauna de mioceno", explicó Jantemírov.
Dinocrocuta gigantea: El superdepredador del Mioceno
Dinocrocuta gigantea se ganó el apodo de 'hiena terrible' con razón. A pesar de su apariencia similar a la hiena moderna, pertenece a la familia extinta de los Percrocutidae, estrechamente relacionada. Era una bestia de proporciones colosales, con ejemplares adultos que se estima podían alcanzar un peso de hasta 400 kilogramos. Para ponerlo en perspectiva, esto es significativamente más pesado que un tigre de Amur moderno (que ronda los 320 kg) y comparable al peso promedio de un oso polar (450 kg).
Su inmensa fuerza y dentición masiva, con poderosos premolares adaptados para triturar, la convirtieron en el depredador terrestre dominante de su época en gran parte de Eurasia. Los estudios indican que, durante al menos un millón de años, Dinocrocuta fue incluso más peligrosa y formidable que los tigres dientes de sable contemporáneos (Machairodus).
Contrario a la imagen popular del carroñero que a menudo se asocia a las hienas, y en particular a especies con capacidad de romper huesos como Dinocrocuta, la evidencia paleontológica y la etología de las hienas actuales (especialmente la hiena manchada, una depredadora consumada) sugieren que la 'hiena terrible' era una cazadora activa. Lo más probable es que matara la mayor parte de su propia comida, debido a la mayor disponibilidad y fiabilidad de la presa viva en comparación con la carroña. De hecho, se han encontrado pruebas fósiles directas de que atacaba a grandes herbívoros, como el rinoceronte sin cuernos Chilotherium, dejando marcas de mordeduras sanadas en los huesos, lo que demuestra su papel como cazador de presas grandes y peligrosas.
Según los científicos, la dieta de Dinocrocuta gigantea probablemente se centraba en los grandes herbívoros de la fauna del hipparión, ya extintos, incluidos los mencionados rinocerontes Chilotherium y otras especies de ungulados. Sin embargo, un misterio perdura: aún se desconoce si este depredador actuaba en solitario, como muchos carnívoros grandes, o si cazaba en clanes y grupos cooperativos, como lo hacen las hienas modernas.
Una ruta migratoria confirmada
El significado del descubrimiento de Eldari va más allá de la mera ampliación del hábitat de la especie. El hallazgo de este depredador en el Cáucaso podría sustentar una hipótesis formulada previamente por paleontólogos: que la región del Cáucaso servía como una de las posibles rutas migratorias clave para los mamíferos durante el Mioceno posterior, facilitando el intercambio faunístico entre Asia y Europa.
Los resultados de esta investigación, fruto del trabajo conjunto de los científicos rusos, chinos y azerbaiyanos, han sido publicados en la revista especializada Palaeoworld, aportando una pieza esencial para reconstruir el complejo rompecabezas de la vida prehistórica en el Viejo Continente.